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30/09/98
El mundo según el subte

Seguramente en estos tiempos, el subte, el mundo bajo tierra, ya es un fenómeno mundial.
Aquí, aquí al sur, en Argentina, mas precisamente en Buenos Aires; es una experiencia de vida, llena de matices extravagantes que se aprecian en los miles de pasajeros que transitan las vías día a día.
Ayer, sin ir más lejos, mientras me dirigía hacia Plaza de Mayo, siendo las seis de la tarde, me introduje en el fortuito mundo subterráneo, fue muy atípico y común a la vez.
Poco a poco comencé a observar lo monótono de cada viaje, diariamente, a pesar de encarnarse en otros cuerpos, circulan los mismos personajes, las mismas situaciones, pero jamás dejará de divertirme.
Nunca falta la cara amarga de la masa, volviendo agotados de su jornada laboral, preocupados por el infierno que los esperara afuera.
Cada estación es un puesto. En Facultad de Medicina, bajan los estudiantes; en Tribunales, los abogados: "madre justicia ", en Florida los empresarios, . . .
Entre tanto gentío, siempre encontramos aquel hombre, que intenta pasajera por pasajera, sin distinción de edad, robar alguna caricia o provocar algún roce erótico. Situaciones incomodas si las hay.
- Disculpe señorita - dijo un hombre, intentando buscar la salida.
Me hizo acordar a esos seres de rara naturaleza, que son atemporales, quién sabe salidos de dónde, tal vez viajaron años luz para llegar a la tierra o se perdieron entre cintas de mobius.
En ese instante, mi atención se ve seducida por una madre pellizcando a su crío, nadie entiende bien por qué tal violencia. Tal vez aquella señora perdió las ganas de vivir y se desquita con su nene, que al fin y al cabo no tiene la culpa.
Enseguida se comienza a escuchar un leve murmullo de mujeres opinando, sobre el kit de la cuestión.
- Seguramente está loca. - se murmulla por lo bajo - ¿De qué se ríe ?
Nadie puede entender cómo todavía hay gente que no perdió las ganas de reír, nadie valora, ya las arrugas de la sonrisa.
Entre empujones y griteríos que se mezclan en cada parada, se forma una competencia carnal, quien conseguirá un sitio para sentarse, las miradas disimuladas y los movimientos sugestivos, junto a los modales animalezcos, demuestran como hemos perdido el valor de vivir en sociedad para pasar a ser individuos, uno a uno, sujetos a diferentes hilos como marionetas, sin relación alguna con la muchedumbre.
Cada uno cree tener la " razón " para merecer el deseado lugar, mientras claro, circulan infinidad de niños, que ni siquiera se les cruzaría discutir la maniobra para ello. Carecen de otras cosas mucho más necesarias, un hogar, un trozo de pan cuando lo pide el estomago, una caricia cuando la necesitan y hasta aquella niñez perdida a causa de la pobreza que los abraza. Encima uno los recibe con su mejor cara de molestia y desagrado hacia aquello que vemos como ajeno porque no nos toca.
Para aquellos que creen que es aburrido ver pasar las horas en el subte no encontrarán más remedio que leer, con los pacíficos sonidos que alimentan las bocas de este. Además de ser una ingeniosa salida para no prestarle atencion a los vendedores ambulantes que desfilan por los vagones, ofreciendo objetos a muy bajo precio, pero pobres, a cambio, no reciben ni el oído de los pasajeros. Hasta el respeto dejó de ser moneda corriente aquí abajo.
De repente veo en el cartel indicador de paradas, que la próxima estación es Callao.
Ahora veo subir un centenar de señoronas de gran trasero con muchas ganas de empujar y discutir con jóvenes, por tal o cual cosa.
Allí comienza la confusion de si estamos en la selva o en un medio subterráneo.
Todos sujetamos nuestras pertenencias con furia, por miedo que entre tanta salida y entrada de gente se pierda, extravíe o algún bandido se las apropie.
- ¡ Que alivio! Seguimos viaje - se escucha, debido al cese del movimiento.
- ¡ Cómo puede! ¿ Cómo puede? - dice una distinguida mujer, mientras observa como se masturba un anciano poco disimuladamente y solo tapándose apenas con un diario transparente.
A medida que pasa el tiempo aquí abajo, comienza a sentirse un molesto olor a transpiración que surge de todos los cuerpos sudados y, también es ayudado por las tapadas bocas de subte.
Se forma una nube olorosa con mezcla de diferentes condimentos, suciedad, cigarrillo, desodorante u otra partícula o microbio que circule por ahí.
Cada individuo, deja der. Uno para convertirse en un todo junto al resto. El gentío dentro de la ' bala ' se asemeja al homogéneo señor mar. Violentamente seco.
- ¡ Pobre hombre! - piensa quisquillosamente una niña, cuando logra observar un anciano que pudo conciliar el sueno a pesar de tanto alboroto.
Vaya a saber uno qué historia trae en la cabeza o cuánto hace que no consigue ni un trozo de goma espuma para dormir.
Tantas historias se pueden ver en el mundo subterráneo, tanto se esconde en cada rincón, tanto escondido esta todo, que se despierta la imaginación, al cruzar la barrera.
Todo es posible ahí abajo. Cuán extraño y común, va más allá de lo absoluto, el subte se introduce en la " metafísica ", en el problema de la existencia humana.
Es como el infinito, sus vías son " cintas de mobius ", jamás serán recorridas absolutamente, ni de igual forma.



Carolina Calema


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