Hoy es: y estamos en:  

Cosas de mago

Autora: Ivana Salinas

Con ganas de trabajar empieza el día Jacobo, que es un viejo vendedor de

ilusiones. 

Los chicos lo siguen por todos lados porque él es dueño de un gran don.

Jacobo se para en las esquinas de la ciudad de Junín y para quien quiera verlo

mueve sus manos y ¡SÁCATE! hace magia . Cuando los chicos aplauden y se rien

Jacobo sabe que ha recibido la mejor paga.

Él vive en una casita con ladrillos de chocolate y ventanas de

caramelo a orillas de la Laguna de Gómez, muy conocida por los que alguna vez

pasaron por Junín.

Pero un día algo horrible le pasó,  una invasión de moscas salvajes empezó a

devorarle su casa. ¡Pobre Jacobo!, estaba tan triste que ya su magia no

le daba alegría.

Poco a poco dejó de ir de esquina en esquina y ya de su galera no salían palomas

que adornaban el cielo volando, ni conejos que regalaba a sus amiguitos, tampoco

hacía desaparecer bonetes para transformarlos en globos multicolor.

Sus amigos le preguntaron preocupados porqué su sonrisa había desaparecido

y les contó sobre la invasión de moscas que estaban destrozando su casa

de golosinas.

Entonces, los chicos se fueron a consultar a un reconocido ingeniero agrónomo,  

que usaba anteojos y tenía mirada de sabelotodo quien al ver la situación no les dió

esperanzas. Según él la casa iba a ser destruida por estos insectos.

No se quedaron quietos y fueron a ver a todos los especialistas de moscas de

Junín, nadie tenía soluciones.

En eso, uno de los chicos, Martín, le dijo a sus compañeros:- Si Jacobo es un

mago de los mejores porque no le decimos que haga desaparecer a estas moscas-

Cómo no se les había ocurrido, dijeron todos.

Fueron a buscar rápidamente a Jacobo y le contaron la maravillosa idea.

Así es que fueron hasta su casa, lo único que escuchaban era el ¡zzz! de las

moscas.

Jacobo se puso un sombrero que parecía un bonete gigante y empezó a decir

palabras que nadie entendía.

-¡ACRA!...ACRÓ!...ZZZ…NO.-

Y los bichos no se iban. Estaban perdidos, hasta que uno de los chicos empezó a

regar alrededor de la casa con agua y jabón como le había enseñado su abuela;

otros soplaron bien fuerte y Jacobo no paraba de probar fórmulas mágicas.

Pasó un rato y poco a poco las moscas empezaron a irse, ya a la tardecita no

había ni una sola cerca de la casa. Algo de lo que habían hecho había funcionado.

Unos cuantos ladrillos de chocolate habían sido comidos pero Juan, un buen

amigo y kiosquero  llevó suficiente cantidad de chocolate como

para arreglar rápidamente la casa.

Todos festejaron y bailaron porque volvían a tener al mago más famoso de Junín

otra vez contento y con sus dones intactos.

volver a cuentos infantiles


Sitios amigos
plongo
Pablo Longo: actor , dramaturgo y titiritero
rsolar


SACHA BARRERA ORO


osa mendoza <aquí>