Ficha
técnica:
Dirección
y puesta en escena: Juan Cristóbal
Actúan:
Robin...Juan Cristobal, Tab...Sebastián Lucero,
Úrsula... Natasha Driban, Falco...Alejandro
Manzano, Buco...Patricia Christen.
Técnica: José Luis Alfaro.Realización
Escenográfica: Conrado Christen.
Multimedia:
Rodolfo Vega.
Lugar:
ELENKO ESTUDIO DE TEATRO, San Juan 1469, Cdad.
El
escenario está montado como una pantalla de
televisón gigantesca, lugar donde acontece
casi la totalidad de la obra. A los costados de aquella
se ubican un par de micrófonos y una pantalla,
que ensucian este protagonismo anteriormente descripto.
Junto
a este despliegue escenográfico encontramos
a Falco, un actor de cine en decadencia, quien ha
contratado a una empresa de servicios de realidad
virtual que le permite ingresar a revivir su propia
película a cambio de que él deje como
contraprestación el inmueble a nombre de esta
empresa, abandonando esta vida para entregarse a una
de aparente ficción.
Falco
es un espectador más de lo que va a comenzar
a suceder en esa gran pantalla entre Tab y Robin,
dos personajes que se encuentran en una estación
de trenes, esperando a sus padres, con los cuales
luego interactuará este actor decadente, como
así también Úrsula.
Sin
embargo, boleros, cine, teatro, no alcanzan para llevar
a buen puerto esta obra de Benjamín Galemiri.
Todo se queda en una simple ostentación de
equipos técnicos como de cuerpos.
Es
que quizás la fruta se cortó verde,
y por eso sabe desabrida. Las actuaciones, principalmente
femeninas, brillan por su ausencia. Por momentos nos
olvidamos que Natasha Driban encarna a una prostituta,
para verla interactuando con otros personajes olvidándose
de su papel.
También
el papel de Buco, encarnado por Patricia Christen,
carece de luz propia. No sólo por ser un papel
menor, sino por sus limitaciones dentro de este personaje.
La
dirección también deja bastante que
desear. Muy poca coordinación entre actores
y las imágenes filmadas, y ni hablar de los
juegos que se pretende hacer con un control remoto
en manos de Falco: nunca saldrán como deberían.
Los
excesos no terminan en esa parafernalia de equipos
anteriormente citada. La obra cuenta con un elemento
sorpresivo dentro de la escenografía que se
utiliza habitualmente. Pero lamentablemente se comete
el mismo pecado, y el abuso de este elemento aja toda
la sorpresa y asombro que pueda experimentar el espectador.
Sin
embargo, es destacable que la obra tiene elementos
muy ricos y que la propuesta es buena, que puede llegar
a ser más con trabajo y disciplina. Cabe resaltar
lo atractivo de la mezcla de géneros, y lo
bien recreado que está el clima de los años
50 que se respira en esta obra. Con buenos vestuarios,
y con un montón de ideas que pueden ir por
mejor camino.
Tintes
de absurdo en un lenguaje y narrativa policiales muy
bien logrado, como todo un interesante entrecruzamiento
de lenguajes artísticos, muy salvable, hace
que la gente de El Enko, merezca otra oportunidad.
Cecilia
Parnisari.