Ficha
técnica:
Obra:
Rápido Nocturno (Aire de Foxtrot) de Mauricio
Kartun
Dirección General y Puesta en escena: Darío
Anis
Elenco: Pinty Saba, Jorge Fornés y Alberto
Piantino
Escenografía: Alejandro Iglesias
Vestuario y Utilería: Claudia Nazar
Diseño Lumínico: Tito Garnica
Asesoramiento: Eli Sirlin
Duración: 80 minutos
El
viaje comienza al compás de una orquesta
de tango que se deja oír desde el club social
"El Porvenir" ubicado justo enfrente a la
terminal de trenes del pueblo. Cardone, un hombre
de unos sesenta años es el encargado de la
estación, y al compás de los tangos
baila en la única habitación junto a
las barreras abrazado a Titina, la mujer de Chapita.
En la siguiente parada sube este último, que
viene desde Colegiales a visitar a su hijito por el
cumpleaños. Con él suben del brazo las
historias de estos personajes, sacados de cualquier
postal de un pueblo de Buenos Aires, embadurnados
hasta la frente de soledades, incomunicaciones y frustraciones.
En ese mismo tren Tito Garnica, responsable del diseño
lumínico, ha cargado una excelente iluminación,
que por momentos cobra un papel estelar, sobre todo
cuando al pasar los trenes iluminan los rostros de
estos tres protagonistas permitiéndonos por
medio de flashback viajar hacia la profundidad de
las vidas de estos seres. Hacia las reglas que rigen
la vida del pueblo, y que Chapita está dispuesto
a enfrentar, ya que como le dirá a Titina,
"para qué están hechos los reglamentos
sino para romperlos"
Como maquinista Darío Anís lleva a este
tren a muy buen destino, recordándonos que
estamos en un viaje sólo al final, al momento
de bajarnos, ya que consigue mantener nuestra atención
en la vida de Norma o la Gallina, como también
la llaman a Titina, quien "se dejó con
todos los de los tres ferrocarriles", pero que
a pesar de todo logra, quizás por su simpleza,
o su ternura, mantener enamorado a Chapita, "el
Loco" que hoy a vuelto para tratar de reconquistarla.
En el vagón de primera clase viajan las actuaciones
de Pinty Saba, Jorge Fornés y Alberto Piantino,
por cierto excelentes, con un cuidado y correcto manejo
de voces y cuerpos, quienes hacen de sus personajes
seres tan reales como cualquiera de los que estamos
de este lado de las ventanillas.
El tren va a un ritmo ágil pero no por eso
oculta la tristeza del viaje. Es que la historia de
Titina y Chapita, además del tono naturalista
de la puesta, es más que un radioteatro a pesar
de la resignación de ella, a pesar de su "lo
que se puede cambiar se puede, lo que no, no".
Un tren al que vale la pena subirse, un viaje íntimo
y profundo hacia la vida de estos seres y sus realidades,
sus sueños y frustraciones.
CCecilia
Parnisari
cparnisari@mendoza.edu.ar